La Ley de Segunda Oportunidad no libera automáticamente a los avalistas.

Cuando se cancelan las deudas del deudor principal, esa exoneración es personal. Es decir, solo beneficia a quien se ha acogido al procedimiento. El avalista sigue siendo responsable frente al acreedor por la deuda pendiente, como si nada hubiera cambiado.

Esto significa que, si tú obtienes la exoneración, el banco o acreedor puede dirigirse directamente contra el avalista para reclamar el importe que no ha podido cobrarte a ti.

Ahora bien, hay un matiz importante: el avalista también podría acogerse a la Ley de Segunda Oportunidad por su cuenta si cumple los requisitos. En ese caso, podría intentar cancelar su propia responsabilidad.

En resumen: la segunda oportunidad protege al deudor, pero no arrastra a los avalistas. Cada uno responde de forma independiente.

Juan Antonio Fuster